Huitzilopchtli es el Sol, el joven guerrero que nace todas las mañanas del vientre de la vieja diosa de la Tierra, y muere todas las tardes, para alumbrar con su luz apagada el mundo de los muertos.

Según la leyenda, la Coatlicue, la vieja diosa de la Tierra, era sacerdotisa en el templo y vivía una vida de retiro y castidad, después de haber engendrado a la luna y a las estrellas; pero un día, al estar barriendo, encontró una bola de plumas que guardó sobre su vientre. Cuando terminó sus quehaceres, buscó la bola de plumas, pero ésta había desaparecido, y en el acto se sintió embarazada. Cuando la luna, llamada Coyolxauhqui, y las estrellas, llamadas Centzohuitzunáhuac, supieron la noticia, se enfurecieron, hasta el punto de decidir matar a la madre. Lloraba Coatlicue por su próximo fin, pues la luna y las estrellas se armaban para matarla, pero el prodigio que estaba en su seno le hablaba y consolaba diciéndole que, en el momento indicado, él la defendería contra todos.
Cuando los enemigos llegaron a sacrificar a su madre, nació Huitzilopochtli y, con la serpiente de fuego, cortó la cabeza de la Coyolxauhqui y puso en fuga a las Centzohuitzunáhuac.
Por eso, al nacer Huitzilopochtli tiene que entablar combate con sus hermanos las estrellas, y con su hermana la luna, y armado con la serpiente de fuego, el rayo solar, todos los días los pone en fuga y su triunfo significa un nuevo día de vida para los hombres.